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Día 25 · Etapa 18

Mazagón → Matalascañas

Al borde de Doñana

25 de febrero

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Traducido con IA del texto en neerlandés · Leer el original

3 min de lectura
27,5 km
108 msubida
123 mbajada
41 mpunto más alto
5 h 16en marcha
🌤️ 13 °CTiempo

Después de dos días estupendos en nuestra parcelita del camping con vistas al océano, esta mañana salimos para una etapa casi entera por la playa. Hacia las ocho y media dejamos el camping y bajamos a la arena por escaleritas y pasarelas de madera. Seguiremos la costa hasta el pueblo playero de Matalascañas, unos 26 kilómetros más allá. El sol acaba de asomar por el horizonte y esta mañana está inesperadamente despejado. Daban lluvia, pero por lo que parece cae más lejos. Tenemos por delante un tramo de playa largo y precioso. Hay algunos caminantes madrugadores, pero sobre todo muchos pescadores en este primer tramo. Las cañas, altas, están clavadas en la arena. Cabríamos por debajo, pero por si acaso las rodeamos. La playa está sembrada de conchas preciosas. Agacharse con la mochila para cogerlas cuesta, y procuramos mantener un buen ritmo. No tenemos ni idea de cómo les va a sentar a las rodillas y a los tobillos caminar un tramo tan largo por la arena. Pero acaba de haber marea alta y por la arena dura se camina de maravilla. Después de unos kilómetros ya no nos cruzamos con nadie.

Estamos solos en la ancha playa, con el ruido de las olas rugiendo y alguna gaviota que pasa volando. Qué gusto caminar solos por una playa tan inmensa. La vista que tenemos delante apenas cambia, parece que el tiempo se detiene un momento. Y aun así los kilómetros van cayendo a buen ritmo. Miramos atrás y a lo lejos todavía vemos las altas grúas del puerto de la etapa anterior. Al otro lado está Punta Umbría, un pueblito portuario conocido por la Operación Mincemeat y por la reciente película que se hizo sobre ella. Es la playa a la que el mar arrastró al británico durante la Segunda Guerra Mundial para engañar a los nazis. Delante, a lo lejos, vemos aparecer poco a poco el principio de Matalascañas, aunque solo llevamos la mitad del recorrido. A los 15 kilómetros hacemos una buena pausa al pie de los altos acantilados de arena, de tonos amarillos y rojos, que en este tramo vuelven a elevarse bastante sobre el mar. Al sol y con vistas al mar, nos hacemos un café con el hornillo y disfrutamos de nuestro bocadillo. ¡Es otro de esos momentos en los que nos sentimos tremendamente afortunados de poder hacer esto juntos! Disfrutar...

Después de la pausa, a las piernas y a los pies les cuesta un poco arrancar, pero enseguida volvemos a coger ritmo. Cuanto más nos acercamos a Matalascañas, más pescadores, caminantes y ciclistas nos cruzamos. Además pasa un parapentista tras otro volando entre nosotros y las rocas. ¡Buen sitio para volar un sábado! Ya en el pueblo, caminamos junto a grandes hoteles y apartamentos a lo largo de un pequeño paseo marítimo. En el siglo XVI el rey Felipe II construyó aquí una torre que ahora está volcada en la arena, la Torre la Higuera, una torre de defensa contra los piratas turcos y norteafricanos, y todavía se puede ver. Todo lo demás que hay construido es de los años 60 del siglo pasado. El crecimiento de este pueblo turístico se paró porque está rodeado por el espacio natural de Doñana, una gran zona de marismas junto a la que caminaremos mañana. Hoy sí que nos alegramos de que la etapa termine aquí. Caminar por la playa es una maravilla y, si vas siempre por la arena dura, se lleva bien, pero cuesta algo más a músculos y tendones que normalmente no usas tanto. ¡Pero merece totalmente la pena!

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