Hoy empezamos en el borde del Parque Natural de la Ría Formosa. Es una gran zona de agua formada por innumerables canales, marismas, islotes y bancos de arena. Un paraje precioso, sobre todo por las muchas especies de aves que viven e invernan aquí. Además, forma una gran barrera natural frente al océano, a menudo embravecido, para la capital del Algarve, que queda aquí tierra adentro: Faro. Esta zona está comunicada con el océano en seis puntos. Por eso, por desgracia, no podemos seguir por la playa y desde el camping empezamos directamente a caminar tierra adentro. El inconveniente es que no hay muchos caminos y tenemos que rodear el aeropuerto de Faro, así que hoy toca mucho asfalto. Desde Ponte de Baixo cruzamos un largo puente y tenemos una bonita vista del interior encharcado. También vemos aterrizar un avión tras otro. Debe de haber bastante movimiento en el aeropuerto, porque en tres cuartos de hora contamos ¡por lo menos 7 aviones! Empieza a llover, así que nos ponemos las chaquetas y les ponemos las fundas de lluvia a las mochilas. Un poco más tarde pasamos por delante de la terminal de salidas del aeropuerto. Qué raro pasar por aquí sin coger un avión. Salimos de las instalaciones por los aparcamientos y seguimos por un camino de tierra hacia Faro.
No tardamos en estar en una avenida ancha que va al centro. Es domingo por la mañana, pero aun así hay bastante jaleo. También en Portugal la mayoría de las tiendas abren con normalidad los domingos. Los barrios de las afueras son bastante grises y apagados, pero el casco antiguo de Faro sí es bonito y auténtico. Desde el puerto pasamos bajo una antigua puerta morisca hacia el casco viejo. Edificios bonitos, calles empedradas y una plaza preciosa con naranjos frente a las casas blancas. ¡Qué estampa tan del sur!
Por desgracia, es el último tramo auténtico por el que pasamos hoy.

La segunda mitad de la ruta pasa por polígonos industriales, puertos y carreteras grandes sin acera. En las carreteras nacionales hay que andarse con mucho ojo con el tráfico, que va a toda velocidad. Por suerte, en domingo hay pocos camiones en la carretera y avanzamos bastante rápido. Hasta que no nos acercamos a Olhão no podemos dejar la carretera grande, y enseguida vemos de nuevo lo bonito que es el Algarve. Es un camino de tierra por el borde del espacio natural, entre algunos criaderos de marisco y moluscos. Junto al agua vemos muchas aves acuáticas y un gran grupo de flamencos. Caminamos por el muelle del pueblecito. El camping ya no queda lejos y, como por el asfalto se avanzaba tan bien, llegamos con tiempo de sobra.
No ha sido la etapa más inspiradora, pero aun así hemos vuelto a ver muchas cosas bonitas.






