Esta etapa la empezamos en las escaleras de madera que bajan a la costa, al pie del hotel donde hemos dormido esta noche. Después de esta noche de lujo, toca otra vez: mochilas a la espalda y a caminar. Bajamos un buen trecho hasta la costa. A partir de aquí seguiremos la playa todo lo que podamos. Quizá incluso los 22 kilómetros enteros hasta el camping, pero eso depende un poco de las mareas. Ahora el agua está baja, pero ya empieza a subir. Caminamos al pie de unos acantilados rojizos preciosos, que ya solo son de arena. Ya no es la roca que hemos visto los últimos días. Los acantilados también se van haciendo bastante más bajos y, por lo que alcanzamos a ver, son los últimos del Algarve. Mirando hacia delante ya solo vemos playas de arena blanca y el interior llano. La playa solo se interrumpe en la pequeña ciudad de Quarteira. Caminamos por la orilla, justo donde rompen las olas, así que aunque son casi 10 kilómetros, llegamos enseguida. El Decathlon nos pilla de paso, así que aprovechamos para hacer algunas compras para el resto de la travesía. Recorremos un tramo del paseo marítimo hasta que se acaba, al borde de las casas, y volvemos a bajar a la playa. Aquí, junto a la playa, todavía quedan alguna duna alta y unas cuantas colinas; más adelante, tierra adentro, empieza una zona de agua que se extiende hasta más allá de Faro. Los chiringuitos por los que pasamos están todos cerrados.
Seguimos nuestro camino por esta estrecha franja entre el agua salada y la dulce. Mientras tanto el agua ha subido bastante y el océano está bravo. El tiempo sigue revuelto y caminamos encorvados contra el viento. Como hemos tenido que subir bastante por la playa, cuesta lo suyo avanzar por la arena suelta. Pero no tardamos en ver unas pasarelas de madera que nos llevan al pueblo donde está el camping. Después de 20 kilómetros por la playa, elegimos esta opción encantados. Así tenemos una bonita vista de las lagunas y del interior. Las pasarelas pasan entre casitas pequeñas, viejas y de colores. Son casas bajas de pescadores construidas en las dunas. Por lo visto aquí el sábado es día de colada: casi en cada casita hay ropa tendida secándose fuera. Poco más allá cruzamos un gran aparcamiento hasta el otro lado del pueblo, donde está el camping. Ha sido un recorrido bonito y rápido por la playa. Eso hace que también esta etapa sea totalmente distinta del tramo anterior del Algarve. Ya echaremos de menos los acantilados ;-)








