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Día 73 · Etapa 43

Castilblanco de los Arroyos → Almadén de la Plata

Diecisiete kilómetros de asfalto y luego: Sierra Morena

14 de abril

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Traducido con IA del texto en neerlandés · Leer el original

4 min de lectura
30,2 km
541 msubida
434 mbajada
553 mpunto más alto
5 h 54en marcha
☁️ 25 °CTiempo

Senderos Via de la Plata 29 de 30 km

Esta mañana empezamos una etapa larga. Son más de 30 kilómetros hasta Almadén de la Plata, de los cuales los primeros 17 kilómetros van por una larga carretera asfaltada. Además, hoy promete hacer bastante calor, así que salimos temprano. Bastante antes de las 8 ya cruzamos el pueblo, donde también aquí los barecitos y las terrazas están ya bastante concurridos. Y no solo para tomar café o té: en las mesas altas ya hay también otras bebidas. Aunque, viendo la media de edad de esta mañana, parece que hoy no tienen que trabajar. El vendedor ambulante de lotería también está ya en plena faena. Otra cara conocida de las calles españolas. Hombres vestidos de verde, con un datáfono y unos cuantos rollos de cupones, recorren calles y terrazas, y venden bien tanto en las grandes ciudades como aquí, en este pueblo pequeño.

En la iglesia hay cigüeñas en cada esquina de la torre cuadrada y una más en lo alto del chapitel. Crotoran con fuerza cada vez que pasa volando otra cigüeña. Lo hacen cuando hay peligro, pero también para saludarse. Debajo de ellas, en la entrada, las golondrinas van y vienen sin parar.

Bajo una cornisa cuelgan unos bonitos nidos redondos y ya oímos piar a los polluelos. Papá y mamá no paran de ir y venir. También volvemos a ver aquí muchos rabilargos. Hacía tiempo que no los veíamos. Al salir del pueblo nos recibe un gato muy cariñoso que viene a restregarse contra nosotros, y luego llega la larga carretera. Ondulada, entre alcornoques y matorral bajo. Por desgracia no hay un sendero al lado, como ayer en los últimos kilómetros, pero tampoco es una carretera con mucho tráfico, así que es fácil mantener un buen ritmo. A izquierda y derecha de la carretera hay una naturaleza preciosa, y por ahí sí que van pistas de tierra, a menudo paralelas a la carretera, pero todo está cerrado con vallas altas. Son fincas gigantescas de propiedad privada y los dueños las vallan por completo. Si no está vallado y alguien entra en la finca y le pasara algo, el responsable es el propietario. Así que, mejor una valla alrededor. Según la ley, todos los caminos y senderos antiguos deberían ser de libre acceso. Pero, sobre todo aquí en Andalucía, los propietarios, como comprobamos hace poco, también los cierran a menudo, lo que es un problema para las rutas de senderismo y de bici. Por eso también aquí tenemos que hacer todos estos kilómetros por la carretera. Hacia el final empieza a pesar en las articulaciones, así que nos alegramos de que, tras 17 kilómetros, llegue un tramo que es propiedad del Estado español. Tomamos una pista de tierra y atravesamos un espacio natural precioso: El Monte Navas-Berrocal, una zona boscosa que forma parte de Sierra Morena. Caminamos por un bosque de alcornoques y, más adelante, de encinas. Seguimos el camino blanco y pasamos por bosques de eucaliptos y de pinos. Bosques abiertos, uno tras otro.

El suelo está seco y el sol ya pega fuerte. Incluso con el sol a la espalda notamos cómo nos quema la cara el reflejo de la luz. Por suerte, tras casi 19 kilómetros, junto a un cortijo vacío hay un grifo con agua fresca para refrescarnos un poco. ¡Qué gusto! Y desde la terraza del cortijo, a la sombra de un gran tejadillo, tenemos además unas vistas preciosas sobre las colinas del espacio natural. Pasamos junto a una pequeña laguna en la que flotan miles de florecillas blancas y cruzamos varias veces un arroyuelo. Tramos abiertos con largos prados y grandes ruinas se alternan con valles más estrechos llenos de bosque y matorral. En el último tramo nos obsequian con una subida corta, pero dura, sobre todo con temperaturas de casi 30 grados, hasta el Cerro del Calvario. Después de 28 kilómetros toca apretar un poco, pero en realidad va bastante bien, y arriba, a 550 metros de altitud, hay un mirador precioso. A la sombra nos bebemos el agua que nos queda, pero ya vemos el pueblo. Bajamos un momento lo que acabamos de subir y enseguida estamos en el hotel rural, donde descansamos para la etapa aún más larga de mañana. Pero los 30 de hoy han ido de maravilla, sobre todo gracias al precioso paisaje.

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