Después de haber disfrutado unos días de este rincón de Europa tan especial y tan especialmente bonito, hoy empezamos nuestra travesía hacia el norte. Nos ha costado lo suyo encontrar una ruta adecuada, ya que en cuanto te alejas de la costa las opciones para dormir son limitadas. La acampada libre está prohibida en España y ponen multas por ello; además, la mayoría de las zonas son "Coto privado de caza", o sea, terreno de caza privado, así que intentamos limitarla al máximo, aunque más adelante en la ruta no habrá forma de evitarla. ¡Pero hemos encontrado una ruta muy bonita! Empezamos con el punto donde se juntan el océano y el Mediterráneo a nuestra espalda y cruzamos el casco antiguo. Después de recorrer unas callejuelas con bastante ajetreo para ser lunes por la mañana, salimos enseguida de la zona urbana. Seguimos el Mediterráneo unos 12 kilómetros más antes de adentrarnos tierra adentro. Así que hoy son de verdad los últimos kilómetros junto a la costa y las últimas fotos de costa, al menos hasta después de los Pirineos. ¡Y qué broche final tan espectacular es este tramo! Subimos y bajamos por acantilados y colinas. Caminamos entre campos con innumerables flores amarillas de trébol, gamones, retama y lirios. ¡Precioso! A menudo el camino está cerrado con vallas y en ellas han hecho pasos para los caminantes.
Normalmente cabríamos sin problema, pero para la mochila son justo demasiado estrechos. Así que varias veces toca quitarse la mochila, pasarla a presión y luego seguir. No es que sea muy cómodo para caminantes. Pero si quieres caminar por un sitio tan bonito, con unas vistas tan bonitas al mar y a Marruecos enfrente, tienes que poner algo de tu parte. Hoy hace buen tiempo, pero sopla fuerte. Las nubes pasan rápidas sobre el agua. Eso le da a la vista un toque tormentoso. En la pausa conseguimos a duras penas que el agua llegue a hervir. Estamos sentados al pie de una torre antigua. Una construcción del siglo XVI bien conservada que se usaba como torre vigía para avistar piratas.
Seguimos nuestro camino y disfrutamos de los últimos metros junto al mar. Cuando nos desviamos de la costa, que después de más de 600 kilómetros ha llegado a significar bastante para nosotros, nos despedimos un momento de las olas y del agua. Eso sí, con un sabor agridulce aún mayor, porque en este tramo hay restos de decenas de lanchas neumáticas. Ante esa imagen nos quedamos un rato en silencio...
Cuando volvemos a cargar las mochilas y seguimos, enseguida viene una buena subida hacia las colinas. El paisaje español no tarda en enseñarnos su lado más bonito, también aquí con una abundancia de flores, alcornoques espectaculares y eucaliptos. Es la cuesta más larga que hemos tenido desde Sagres, pero los caminos anchos y firmes se andan bien. También se agradece tener otro paisaje a nuestro alrededor. Los últimos 2 kilómetros los hacemos junto a una carretera general, pero también aquí entre colinas bonitas con prados donde hay vacas y caballos. Cuesta un poco acostumbrarse a subir tanto otra vez, pero tenemos muchísima curiosidad por las próximas etapas y estamos deseando adentrarnos más en el interior de España.








