Esta mañana, después de dejar el hotel, caminamos por las calles tranquilas de Ayamonte. Atravesando un parquecito llegamos enseguida a la ruta ciclista. Resulta ser un camino de tierra, por el que se anda muy bien. Caminamos entre ríos, canalillos y zonas encharcadas. De vez en cuando pasa en bici algún grupito de turistas, pero así, lejos de la carretera grande, se está de maravilla de tranquilo. Pasamos junto a algunas granjas, picaderos y alguna que otra piscifactoría. ¡Otra vez no damos abasto mirando la cantidad de aves acuáticas! Poco a poco el paisaje se va convirtiendo en huertos de frutales y muchas tierras de cultivo cubiertas de plástico. Llega un momento en que hay plástico tendido por todas partes. Sobre todo sobre arándanos, caquis y, curiosamente, también sobre almendros con su flor rosa. Todo ese plástico arrancado por el viento le da un aspecto bastante descuidado. Pero antes de darnos cuenta ya llevamos unos 12 kilómetros y hacemos una pausa en el borde de un naranjal. ¡Por fin podemos secar también la tienda, que sigue mojada desde ayer por la mañana!
Después de la pausa, al principio el camino todavía se anda bien, pero al cabo de un rato queda totalmente invadido por el bambú. Pasamos por debajo casi a gatas. En el mapa vemos que la ruta sigue sin más, pero por ahí no hay quien pase. Atravesamos un huerto y salimos a un polígono, donde están en plena faena con camiones. Un poco incómodo, porque seguro que es terreno privado, pero la gente nos saluda amablemente. Y, pasando a gatas por debajo de una barrera, por suerte volvemos a salir a la carretera, muy cerca del límite urbano de Lepe. Todavía nos quedan unos dos kilómetros, que un poco más adelante podemos volver a hacer por la antigua vía del tren. Esto nos lleva al final de la etapa. ¡Esta ha ido bastante más fluida que la de ayer, menos mal!







